2019/05/16

"¿Por qué nosotras vamos a ver al primer equipo masculino de fútbol y ellos no vienen a ver los nuestros?" (Artículo de opinión - Terrassa F.C.)

[Language: Spanish]

Ayer, por casualidad, se me cruzaron por delante tres noticias casi al mismo tiempo y no pude evitar reflexionar un poco sobre dos aspectos que en el entorno empresarial y en el universitario hemos estudiado en profundidad: el compromiso organizativo y el soporte organizativo percibido (i.e., POS - Perceived Organizational Support). Elementos esenciales desde de hace más de cincuenta años en la literatura científica sobre comportamiento organizativo y la organización del trabajo (i.e., lo que hoy en día algunas escuelas de negocios mal denominan Recursos Humanos).

Por un lado estaba leyendo la noticia que ha salido en prensa sobre el estudio del Fútbol Femenino que hemos publicado (nota de prensa) y quise recordar en Instagram que el interés por estudiar esta temática se originó con una entrevista publicada en el TerrassaNoticies.com a las capitanas del Fútbol Femenino del Terrassa F.C. Al recortar una de las imágenes aparecía la siguiente frase: “Nosotras siempre vamos a ver al primer equipo masculino del Terrassa, pero yo nunca los he visto en ninguno de nuestros partidos”. Yo tampoco.




Al mismo tiempo escuchaba como el entrenador del primer equipo Cristian García explicaba los motivos de abandonar el primer equipo del Terrassa F.C. (ver vídeo) y los argumentos del presidente Jordi Cuesta (con el que estoy totalmente de acuerdo y aplaudo).


En ese preciso momento, con la consecución de noticias casi al mismo tiempo, no pude evitar pensar: ¿Por qué los jugadores masculinos del primer equipo no van a ver al primer equipo femenino cuya temporada es posiblemente el mayor éxito del club de este año? ¿Por qué el entrenador del primer equipo masculino muchos de nosotros no le hemos visto nunca en los partidos del femenino?

A priori por inercia pensé en los clásicos estereotipos que arrastra el fútbol femenino. Pero como aficionado y socio del Terrassa F.C., además de ir a ver todos los partidos del primer equipo masculino, también he ido a ver muchos partidos del femenino, y de todas las categorías del fútbol base. Me atrevería a decir que unos seis o siete partidos de media por fin de semana. Toda la familia hemos animado a los infantiles de segunda y los de primera, a los cadetes de preferente, al juvenil femenino y al alevín, tanto del Terrassa F.C. como de la E.F. Bonaire. En estos partidos me encuentro con otros aficionados como nosotros, niñas y niños del club, coordinadores, staff técnico, directivos, entrenadores y jugadoras del primer equipo femenino.

Algunas veces algunos coordinadores cuesta verlos ya que están medio escondidos con la capucha ocultando su rostro, pero están. Supongo que por defecto profesional (investigación y docencia) me gusta intentar observar quién está y quién no, a pesar que se escondan. Seguro que a todos no los conozco, seguro que algunos se me han pasado, pero no recuerdo o no he tenido la suerte de ver, tal y como indicaba una de las jugadoras del femenino y entrenadora, a nuestro entrenador del primer equipo animando a nuestro fútbol base, ni a sus jugadores. Tampoco recuerdo que nadie me haya explicado que nuestros jugadores del primer equipo y su entrenador en algún partido clave fueran al vestuario a animar a nuestros jóvenes, a pesar de que uno de los juveniles de segunda con serias opciones de subir ha jugado muchos partidos después del primer equipo. Si que he visto como algunos entrenadores y entrenadoras del fútbol base se quedaban a animar después de presenciar al primer equipo al juvenil. He visto a exjugadores, como el padre de Xavi Hernández, viendo fútbol base y en el campo del Bonaire a Albert Luque animando al Sant Cugat en un partido contra el Terrassa FC. (esto lo añado a modo de anécdota/broma).

Después de esta breve introducción algunos estaréis dudando de hacia dónde quiero ir. Muy sencillo, después de unir estas noticias, no pude evitar pensar en el que fue mi principal tema de investigación, el compromiso organizativo. Quizás lo que relata la jugadora, no es un tema de estereotipos de género, quizás es un tema de compromiso.

Todos tenemos una idea de que es el compromiso, pero desde un punto de vista científico y empresarial es un tema más complejo. De hecho hoy en día lo sabemos medir matemáticamente y razonablemente bien después de más de medio siglo de investigación. Sin querer profundizar demasiado en el tema y a modo de resumen, hablamos de tres tipos de compromiso: el afectivo (“por que quiero”, -lo desean-), el de continuidad (“estoy comprometido por que no tengo alternativas” -lo necesitan-), el normativo (“presiones sociales para estar comprometido con una organización” -debo-).

Las investigaciones dejan muy claro que lo que interesa desde el punto de vista de rendimiento es el compromiso afectivo, aunque lo fácil sea crear compromiso de continuidad (sueldo, contratos, etc.).

En las declaraciones del entrenador, Cristian García, se observa como él nota una falta de soporte por parte de la afición incluso cuando el equipo funcionaba muy bien, y luego unas sabias palabras del presidente que deberíamos tener muy en cuenta. Puedo estar de acuerdo con él, y creo injusto como algunos le criticaban, pero por otro lado hecho en falta ese compromiso afectivo, y me sobra ese exceso de mirarse el ombligo, lo individual y no lo colectivo. En los últimos partidos de liga, donde ya no había ninguna posibilidad de cumplir el objetivo del ascenso muchos esperábamos un gesto con el fútbol base, el compromiso con el futuro. No por la calidad de los juveniles, sino porque el mensaje que se lanza a muchos chicos que están muy comprometidos afectivamente con el club y cuyo rendimiento se multiplica más allá de su calidad individual tiene un valor importantísimo que con inversión económica no se puede adquirir. En los últimos partidos, éramos pocos los socios en las gradas, no escuché a socios gritando o criticando mayoritariamente al entrenador o a los jugadores, escuché a algún grupo cantando “¿Dónde están los juveniles? ¿Los juveniles dónde están?”.

Es cierto que jugadores del primer equipo y entrenadores están disponibles para actos de promoción de patrocinadores, actos benéficos, etc. Pero que poco costaría dar soporte y aparecer en un entreno con las niñas y niños más pequeños del club, ellos son sus ídolos. O estar como un aficionado más animando este sábado en Manresa a nuestro Cadete A para lograr el ascenso a División de Honor. Esto tiene un coste muy bajo y un retorno muy elevado, pero para ello se requiere un equilibrio entre jugadores que se les paga por su profesionalidad y jugadores que están comprometidos afectivamente desde pequeños con el club. Por suerte tenemos jugadoras del primer equipo, entrenadores y coordinadores que no fallan, pero aún deberían ser más.

Algunas veces tengo la sensación que muchos jugadores y entrenadores de tercera (incluso del fútbol base) se creen que son cracks del fútbol. Si hiciera una comparativa equiparándolos con docentes e investigadores de las universidades, ser jugador de tercera equivaldría a ser investigador en una universidad modesta de una república bananera. Otra cosa es que el fútbol esté inflacionado. Solamente deberían contar cuantos jugadores hay en toda España en la misma división que ellos y en superiores, y luego añadirle que hoy en día el fútbol es global. Todavía no los he contado (ya lo haré) pero estoy seguro que son miles y miles los que estarían en un ranking superior. Humildad.

También me sorprende que repetidamente el entrenador explicara que se viera afectado por las críticas, no se si pensar que es una excusa o una falta de preparación al cargo. Mucho debe mejorar el fútbol en términos de educación y respeto, pero todos los que lo hemos vivido ya hace años, por suerte, sabemos que a pesar de algún descerebrado suelto ya no hacen falta fosos en los campos de fútbol para contener a una furiosa afición, ni los árbitros salen custodiados por la Guardia Civil de los campos de tercera. No puedo evitar contar una batallita de mi época profesional anterior a la universidad. Recordaré siempre a una psicóloga en unos cursos de formación a directivos. Muy preocupado un directivo que asistía al curso explicaba que estaba muy afligido porque las personas que dirigía le criticaban a sus espaldas y él quería ser muy amigo de “sus empleados”. La psicóloga con calma le indicó, que debía estar tranquilo, que todo empleado tiene el deber saludable de criticar a sus superiores a sus espaldas, si no sucede algo falla en la organización. Si un cargo directivo, un coordinador, un entrenador no lo tiene asumido, tengo claro que necesita formación antes de asumir determinadas responsabilidades.

Esta temporada no ha sido una mala temporada, todo lo contrario. Hemos disfrutado mucho con el primer equipo en gran parte de los partidos, el fútbol femenino ha sido un éxito en todas sus categorías, el fútbol base F11 también, y si se hacen las cosas bien algún día también lo será el F7. Es fundamental tener grandes profesionales, pero no es condición suficiente, deben estar comprometidos y a ser posible afectivamente. Como explicaba David Ulrich: Performance = Capacidad(Talento) x Compromiso. Y esto es extensible al fútbol base, donde podemos observar equipos teóricamente para subir que se nutren exclusivamente de los que denomino “padres mercenarios del fútbol”. - Cada año a un club distinto, negociando subir una división, y si aquí no me lo ofrecen me voy al JABAC, al Natació, al Mercantil o a quien me ofrezca una división más para mi hija o hijo.

Es difícil que un equipo únicamente con este “perfil depredador” pueda lograr los objetivos si las cosas no van siempre de cara. A la que el equipo se desvía un poco del objetivo, aflora el individualismo, es decir, si el éxito grupal no me beneficia a mi CV individual, se acabó darlo todo, ya pienso en la salida. Esto es extrapolable a entrenadores y coordinadores de cualquier club, como lo es también en las empresas, que es donde está más investigado.

Con todo esto solo quiero lanzar una reflexión o una pregunta: ¿Cómo consigue un club retener a un chico o chica del fútbol base que solo se le puede ofrecer la división más baja y quizás un equipo sin portero, cuando quizás tiene nivel u oferta para ir a una división más alta? Si me he explicado bien a lo largo de este artículo entenderás que tiene una posible razón que se cumple en un porcentaje alto: se llama compromiso afectivo. Si ese niño cada semana va a ver y animar al primer equipo, si la familia siente un soporte organizativo alto (POS, una de las claves) y una atención casi personalizada, difícilmente aceptará jugar en un equipo rival solamente subiendo a una categoría más alta. La mayor parte se sentirá identificada emocionalmente con el club, es decir, que forma parte de una comunidad con una cultura, ideales y muchos aspectos que muy bien explicó Geert Hofstede y que nos unen como sociedad, organización o club.

Sempre amunt, Terrassa!

Notas:

[1] Para ampliar información sobre compromiso organizativo, aunque no sea un documento con todas las aportaciones más actuales, lo puedes encontrar aquí

[2] Sobre algunos de los aspectos que explico en este artículo, de una forma más formal se puede encontrar en una investigación que realizamos sobre el Manchester United y que publicamos en la revista científica Team Performance Management http://dx.doi.org/10.1108/TPM-08-2015-0035

[3] A más de un lector le parecerá un artículo de opinión un poco largo. Pero no he explicado ni el 10% de lo que me gustaría haber explicado antes de empezar. Lo siento.

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